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La Revista

Resistiré

Por Victoria Bourdieu

Descendiente directa del folletín por entregas, la telenovela reina en la pantalla chica desde sus inicios y, pese a las críticas por sus argumentos reiterativos, se convirtió en el género por excelencia de la televisión latinoamericana. Por décadas tuvo a las amas de casa llorando toda la tarde por amores imposibles hasta que cambió sus temas y conquistó también al público masculino.

Por Sin Firma
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Novelas

La telenovela, género popular paradigmático, ha sido objeto de críticas, desde sus comienzos a mediados del siglo XX, por ser un producto reiterativo, previsible, e irreal, que desarrolla un lenguaje estereotipado. Sin embargo, además de haberse constituido en el género por excelencia de la televisión latinoamericana, hoy es reivindicada en tanto exponente y portadora de rasgos identificatorios de un “nosotros” nacional y regional.

Sus antecedentes mediatos e inmediatos son el folletín y el radioteatro. Recordemos que desde el siglo XVII los diarios reservaron el pie de página para artículos de divulgación científica, cuentos y relatos breves. Surge así la modalidad de edición económica de novelas en episodios breves que facilitaban su lectura colectiva. De este modo el gusto popular empieza a valorar las publicaciones en serie donde lo que más importa es lo que va pasando y no cómo va a terminar. La oralidad del relato es la característica que más claramente se recupera en el radioteatro o radionovela, la palabra que desde el susurro, el suspiro, o el discurso entrecortado por el llanto, pretende la conmoción y la emoción por sobre el conocimiento de lo narrado. No es casual entonces que las primeras telenovelas se hayan basado en radioteatros y que aún hoy se realicen remakes de esos grandes éxitos.

La telenovela hereda entonces los guiños de la oralidad y la periodicidad de estas narraciones, pero especialmente se dota de la impronta melodramática que tenían ambas en tanto resaltaban por distintos medios los efectos pasionales y dolorosos que contaban las historias. Y aquí la televisión brindó un especial atributo: además de escuchar (o leer) se pudo “ver” toda esa gestualidad del sufrimiento y la pasión.

Se ha definido a la telenovela como un relato televisivo seriado que se centra en las vicisitudes de una pareja que vive un amor pasional y desarrolla su historia de un modo en el que abundan las desgracias y las coincidencias exageradas que culminan necesariamente en un final feliz. Sin embargo, su definición más evidente es la que implica la posibilidad de reconocimiento del público, por eso algunas historias que no se ciñen exactamente a esa caracterización también fueron apropiadas por la audiencia de manera que también pueden ser incluidas en esta mirada más allá de los estrictos conceptos académicos.

Ya en 1951, año de inicio de las transmisiones televisivas en la Argentina, se estrena Néstor Villegas vigila, programa diario que a pocos meses de su inicio se constituye en el Teleteatro delSuspenso. A partir de 1952 se inician las transmisiones cotidianas del Teleteatro del Romance, escrito por Celia Alcántara, en el que se adaptan radioteatros exitosos e historias inéditas. El único canal por aquel entonces era Canal 7, que transmitía menos de seis horas diarias, dedicando a los programas femeninos buena parte del horario vespertino. Estas propuestas, en manos de equipos técnicos jóvenes y con escasa o nula experiencia en el nuevo medio de comunicación, eran sostenidas a puro empeño, voluntad y creatividad, lo que favoreció el desarrollo de la especificidad televisiva argentina. También es justo decir que la televisión se funda y crece en ámbitos porteños, ya que en el interior del país, pese a las iniciativas voluntaristas, resultó muy difícil concretar emprendimientos y mucho menos producciones autónomas.

Desde este inicio casi artesanal hasta las producciones actuales, la ficción argentina (y especialmente la telenovela) ha recorrido un largo camino que incluye cambios en las modalidades de producción, incorporación de nuevas tecnologías y conformación de productoras especializadas.

Una breve recorrida por algunos hitos de la telenovela argentina pone en contexto cómo se configuraron algunos cambios estilísticos. Del arcón de los recuerdos surge El amor tiene carade mujer (1964/70), escrita por Nené Cascallar, que atrapó a un creciente número de espectadoras a partir de las vicisitudes de la dueña y las empleadas de un salón de belleza. Se trata de un esquema que copia las soap operas estadounidenses, que nacieron y crecieron a partir de los auspicios de empresas de jabón como Palmolive o Lux. Aquí no existe una única pareja protagónica sino un conjunto de personajes que comparten el lugar de trabajo. Aunque tienen procedencias sociales y estructuras familiares muy diferentes, todas ellas se enfrentan a dificultades que permiten sostener la historia por muchas temporadas, incorporando o circulando personajes en atención a su trama. Su estructura inspiró a la misma autora en dos tiras igualmente exitosas: Cuatrohombres para Eva y Cuatro mujeres para Adán.

Otra vertiente contemporánea fue Simplemente María (1967/69, Canal 9), de Celia Alcántara, que reedita un radioteatro de la misma autora de 1948, emitida a lo largo de más de 600 capítulos de media hora. Expone una temática recurrente en la telenovela clásica, la diferencia social entre la heroína pobre e inocente y el protagonista masculino heredero de una familia de clase alta. Tuvo versiones en otros países y secuelas “educativas”, ya que se trata de una joven procedente del interior del país que, a partir de una voluntad inquebrantable, logra escalar posiciones sociales iniciando sus estudios y aprendiendo las artes de la costura. Una historia que ha sido reeditada en distintos lugares ya que, en definitiva, sostiene que la heroína puede hacer frente a las dificultades a partir de su propio esfuerzo y sin la intervención de un protagonista masculino, de allí que se haya constituido en ejemplo de perseverancia. Su última versión en la Argentina fue Rosa de lejos en 1980. En la actualidad son muchas las historias de amor que colocan a la mujer en un lugar menos dependiente (al menos desde un punto de vista económico), sin embargo la particularidad de esta historia es que centra la acción en ese desarrollo personal e incluso lleva a María a descartar al “niño rico” y elegir al hombre que la ama y la contiene a partir del respeto y la admiración.

 

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