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La Revista

Polenta, Paseo o Plasma

El consumo interno se está recuperando, pero mientras las clases más acomodadas cambian el auto o compran un plasma, los sectores populares gastan su dinero en alimentos y poco más. Cómo pesará la inflación.

Por Carlos Boyadjián
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Si algo quedó claro tras el vigoroso proceso de recuperación económica que la Argentina vivió desde el fin de la convertibilidad es que, al menos en este país, los motores del crecimiento son, por un lado, la demanda externa, especialmente de bienes primarios; y por otro, el dinamismo del mercado interno. Estas dos variables se expandieron con fuerza hasta mediados de 2008, pero luego tuvieron un freno, primero por el conflicto con el campo, y luego debido a la profunda crisis internacional.
En lo que hace al comercio exterior, los productos primarios han ocupado los principales renglones de las exportaciones, con el complejo sojero como mascarón de proa, además de maíz, girasol, minerales y combustibles. Pero no sólo de la tierra vive el hombre, y por eso también hubo una participación relevante de algunos bienes industriales, como automóviles y autopartes, siderurgia y metalmecánica, por mencionar sólo algunos.
Posando la lupa sobre el otro eje, el consumo interno, es fácil advertir que ya desde finales de 2009, pero con mucha más firmeza en los meses que van de este año, el consumo, tanto de bienes durables como de primera necesidad, y también servicios como el turismo o el esparcimiento están tomando un renovado impulso.
La diferencia central entre las ventas al exterior y la demanda interna, en todo caso, es que mientras las exportaciones son clave para generar una lluvia de dólares y contribuir a engordar la recaudación –vía retenciones–, la mejora en el consumo interno es un signo de más dinero en el bolsillo de los consumidores o denota la posibilidad de comprar en cuotas para acceder a bienes y servicios. Así, la consistencia del consumo interno, además de motorizar importantes sectores de la economía, tiene un impacto positivo en el humor de la gente.

 

CAMBIO DE TENDENCIA
Una simple recorrida por las grandes ciudades del país revela que desde el verano volvieron las colas en los restaurantes, creció el turismo (en torno al 7 por ciento), no sólo en destinos sofisticados sino también sitios más populares y de clase media, al tiempo que se multiplica la afluencia de público en espectáculos artísticos y recreación de diverso tipo.
Cuando se analiza lo que ocurre con el consumo de bienes masivos, la tendencia es la misma. En los últimos meses se incrementó la compra de alimentos y bebidas y subió el gasto en indumentaria y calzado.
Según un informe de la consultora CCR, en los primeros dos meses de 2010 el consumo masivo creció un 4,6 por ciento respecto del mismo período del año anterior. El estudio relevó el comportamiento de los consumidores en alimentos, bebidas, artículos de limpieza y tocador, entre otros.
Los datos coinciden, en general, con la encuesta que mensualmente realiza la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) en las principales ciudades del país. Según Came, durante febrero las ventas minoristas tuvieron un incremento del 2,9 por ciento (en unidades vendidas) respecto del mismo mes de 2009.
En lo que son bienes durables, hay que recordar que la suscripción de escrituras en la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, creció un 33 por ciento en enero; la venta de 0 kilómetros ya se acerca a las 50 mil unidades mensuales; y volvieron también los créditos de largo plazo para electrodomésticos e informática (hasta cincuenta cuotas fijas en pesos). Y así la lista podría seguir.
Lejos de una visión edulcorada de la realidad, la mejora del consumo hoy es un dato palpable. Incluso desde la Unión Industrial Argentina apuestan una ficha al consumo masivo. Hace pocos días su vicepresidente, Osvaldo Rial, aseguró que “de las crisis se sale con producción y consumo”, y agregó, casi en tono didáctico: “Para que haya producción tiene que haber inversión, tiene que haber trabajo, y para que haya consumo tiene que haber buenos salarios”. Toda una definición.
Un reciente estudio de la consultora Analytica sostiene que el año último el consumo privado cayó en el país un 3 por ciento, con una clara paridad en todos los niveles socioeconómicos. El primer decil (ingresos más bajos) vio caer el consumo en 4,2 por ciento, mientras que los más ricos (decil 10) redujeron sus compras en 3,1 por ciento.
Pero hoy el escenario es bien distinto. Las proyecciones para este año ubican el crecimiento del consumo para la clase más pudiente en torno al 4 por ciento, y algunas décimas por encima para los sectores medios. Pero lo más interesante ocurrirá, según Analytica, en los sectores de menores ingresos (22 y 11,1 por ciento de incremento para los deciles 1 y 2, respectivamente).
Sobre este punto, Ricardo Delgado, director de la consultora, señala que “el efecto de la asignación por hijo (180 pesos para familias con el jefe de hogar desocupado) es muy significativo en los deciles 1 a 4”.

PLATA EN EL BOLSILLO
Marina Dal Poggetto, directora del Estudio Bein & Asociados, sostiene que “el consumo está creciendo prácticamente en todos los sectores, tanto en bienes durables (sobresalen automotores y electrodomésticos) como en los de consumo no durables. Incluso en autos ya se han superado los niveles de ventas de 2008”.
Entre las razones que explican este comportamiento, la economista destaca el aumento del salario nominal que se efectivizó a través de sumas fijas, la recuperación de programas sociales y ajustes en jubilaciones. “Todo esto se orientó y benefició a sectores de bajos ingresos, con alta propensión al consumo, en especial de alimentos”, subraya Dal Poggetto.
El punto vulnerable, en todo caso, es, que en su opinión, esta mejora del consumo, “se da en un contexto de expectativas de inflación creciente”. Los precios suben, dice Dal Poggetto, “pero la gente convalida los aumentos y, entonces, sostiene la demanda”. De todas maneras, la economista no ve una espiralización de precios, aunque sí advierte sobre “una inercia inflacionaria del 20 por ciento desde hace tres años”.
El economista Rodrigo Álvarez, de la consultora Ecolatina, coincide con la visión general de lo que está ocurriendo en el mercado doméstico. “El Gobierno inyectó muchos recursos y eso está ayudando al consumo. La asignación universal por hijo, las subas en jubilaciones, el programa Argentina Trabaja, generaron un shock de demanda a fines de 2009 y los primeros meses de este año”, afirma.
Pero justamente, aquí es donde Álvarez ve un problema. “En los últimos meses también hubo una suba de precios que no veíamos desde 2002”, con la inflación concentrada en los productos de primera necesidad, destaca. “Hay un claro problema de oferta en alimentos y, además, el Gobierno inyectó recursos en sectores de bajos niveles de ingreso, que canalizan una parte importante de ese dinero en alimentos, lo que generó una presión adicional”, explica.
Así, en su opinión, por más que la gente tenga un poco más de poder adquisitivo, “no le va poder ir ganando a la inflación y las familias tendrán que empezar a sustituir consumo, desde lo más suntuario a lo más básico”.
Pero el escenario actual no es igual para todos. Mientras los sectores con mayor poder adquisitivo y la clase media aprovechan las ventajas de las cuotas fijas en un contexto de suba de precios o deciden la compra de un auto nuevo como refugio del valor de sus activos, para los sectores populares la clave del consumo hay que buscarla en la mayor capacidad de compra, resultado de una política de ingresos más inclusiva, impulsada por el gobierno nacional en los últimos meses.
Entre ellas cabe mencionar la asignación universal por hijo de 144 pesos por chico menor de 18 años cuyos padres estén desempleados (36 pesos adicionales por mes se cargan en una cuenta a cobrar una vez por año, luego de cumplir con un plan de vacunación y la escolaridad); los ajustes de haberes jubilatorios (entre diciembre de 2008 y marzo de 2010 el haber mínimo pasó de 690 a 895 pesos); y el programa Argentina Trabaja, que dispone el pago de 1.200 pesos por mes a trabajadores desempleados, enrolados en cooperativas de trabajo que realicen obras públicas como contraprestación.
Todo eso no hizo más que “poner dinero en el bolsillo” de la gente. Un paso adelante para atender la difícil situación social de muchas familias. Aunque la mayoría de los economistas ya advierte sobre el peligro de que la inflación “se vaya comiendo” la recomposición de ingresos que hubo en meses recientes.

 

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