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La Revista

Ni Yanquis ni Marxistas

Los intelectuales cubanos Reynaldo González Zamora, Fernando Martínez Heredia y Alberto Morales Fuentes hablan del gobierno, los problemas económicos de la isla, los profesionales que se van, Yoani Sánchez, las Damas de Blanco y el futuro.

Por Federico Luzzani
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La cultura ofrece una visión refrescante sobre la política. Caras y Caretas aprovechó la visita de tres intelectuales cubanos a la Argentina para saber qué pasa hoy en la isla. Reynaldo González Zamora, escritor y periodista, y Fernando Martínez Heredia, investigador social e historiador, eran jóvenes adultos cuando triunfó la revolución. El tercero, Alberto Morales Fuentes, poeta, escritor e investigador cultural, nació luego del ascenso de Fidel Castro. Admitieron que el periodismo en Cuba es menor y que la crisis –aunque se la llame con eufemismos– existe. Pero también contaron la lucha de los cubanos por mantener los logros conseguidos. “Hay un amplio debate, porque no queremos ni el regreso a un socialismo duro y agotado ni caer en un mercado totalmente desbocado y salvaje”, dice Morales.
La disidencia es tema obligado: “Está controlada directamente por Estados Unidos y ahí tiene su talón de Aquiles”, revela González. “Como les pasa a las verdaderas revoluciones, a nosotros nos ha tocado enfrentarnos con todos los problemas, y no con una parte de ellos”, agrega Martínez.
–¿Es correcto hablar de crisis en Cuba?
R. G.: –Somos una fábrica de eufemismos: “período especial”, “tiempo de paz”; todo eso se llama crisis. Muchas veces, por no nombrar a las cosas como son, se pierde la búsqueda de la solución. Hemos pagado mucho por ese tipo de tonterías, pero ahora estamos en un momento de una apertura muy dialogante. Raúl Castro ha pedido más diálogo para lo que él llama “cambios importantes”, a los que no les puede entrar de manera drástica porque no existen los elementos para apoyarlos, y eso podría provocar un desastre mayor en la población. Muchas veces desde afuera se nos mira con una idea preconcebida, queriendo solucionar nuestros problemas como lo harían ellos, partiendo desde comparaciones de un país pobre con países ricos.
F. M.: –Las revoluciones son procesos de unificación; ponen las cosas de tal modo que parecen disyuntivas. El pueblo tuvo que hacerse de una unidad férrea o si no no sobrevivía a la revolución. Los enemigos eran demasiado grandes, no sólo el imperialismo de Estados Unidos sino la falta de recursos utilizados. Hoy tenemos la seguridad de que la dependencia de un solo producto es imposible. Tenemos que vivir del comercio exterior. Los burgueses devastaron los bosques de Cuba para sembrar azúcar. Así, la erosión en Cuba es enorme: la sal penetra por debajo de la tierra y el agua de los pequeños ríos se va. Hoy estamos comprando la mayor parte de los alimentos para que coma todo el pueblo. Vivimos en un desnivel económico muy grande y con una diversidad muy rica, esto hace que para mucha gente Cuba sea un país monstruoso. Hay gente que ama profundamente a Cuba, y yo se los agradezco mucho, y hay gente que odia a Cuba, y yo lo siento por ellos, porque el odio nunca es bueno; también hay pasiones intermedias, pero no se usa conocer a Cuba.
A. M.: –Hay muchas incertidumbres y algunas certezas. Es un país que quiere seguir teniendo su independencia, fortalecer su identidad cultural y mantener unos niveles de justicia social que permitan que las personas sean ante todo tratadas como seres humanos. En medio de todo eso hay un amplio debate y cierta vacilación acerca de cómo se logra eso, cómo las contradicciones en las que se sume un país en crisis pueden ordenarse de manera que no confluyan ni a un regreso del socialismo duro y agotado ni hacia un mercado totalmente desbocado y salvaje.

 

TRES DIARIOS, UNA FOTO
–¿Qué cambios hacen falta en Cuba?
R. G.: –De vez en cuando la población se estremece por información no siempre dada por la prensa oficial. El periodismo que tenemos es menor. Los tres periódicos principales tienen la misma portada, la misma foto, el mismo texto. Las orientaciones llueven. Hay que recuperar la opinión y el diálogo general, sin eslóganes. La posibilidad de comprar celulares es un cambio mínimo, sí fue un cambio importante que los cubanos pudieran acceder a lugares públicos, como los hoteles. Claro que pocos tienen el dinero necesario, eso ha desatado vías fraudulentas y eso está provocando el cambio.
A. M.: –Creo que en algún momento habrá que reemplazar a la generación que dirige las altas esferas, porque en las capas intermedias han aparecido jóvenes. Pero hay que hacerlo desde una lógica que lo haga funcional, se trata de construir una estructura social que profundice los cambios de manera continua. Las instituciones del Estado son legítimas en tanto expresan el consenso social, y creo que hoy la mayoría no quiere abandonar el socialismo. Por ese lado vendrá la renovación, que está en marcha y que es absolutamente inevitable en términos de proceso histórico y de demanda social.
F. M.: –Hoy sabemos qué cosas no se pueden hacer, igual que aprendimos a qué cosas se llamaban socialismo y no lo eran. Ahora todo es más difícil porque las expectativas son mayores. Esa es la causa de la emigración de jóvenes capacitados en los últimos 20 años, que no se interesan tanto por ir a Estados Unidos sino que están en el mundo entero: buscan que su vida práctica y espiritual se corresponda con lo que han aprendido. Imagínate qué clase de reto para un país que hizo semejante salto educacional en sólo una generación, que se encuentra que ahora no puede satisfacer las expectativas que creó. No hemos inventado nada que sustituya a la división de poderes. Tenemos un parlamento maravilloso porque los diputados no cobran, pero las leyes las hace el Ejecutivo. Tenemos un poder judicial muy sano porque los jueces no tienen precio. Pero necesitamos que la institucionalidad sea un factor de desarrollo.
–¿Cómo es la situación de los disidentes?
R. G.: –Las Damas de Blanco han lanzado una campaña para la redistribución del dinero norteamericano que les envían porque parece que una mano intermedia les está robando lo que ellas esperan recibir. Esta chica que tiene un blog (Yoani Sánchez) admite que no se la conoce como importante ni en su cuadra. Es más suave que otros, pero apoyó el bloqueo. Cada grupo de derecha manda su premio para Yoani Sánchez. Es como le dicen en la universidad: un “constructo”, algo que se construye intencionalmente. Creo que fue un error no dejar que fuera a recibir esos premios. A mí me da igual si esa señora se va o no, ni que se vayan todos los que no quieren estar allí.
F. M: –Yoani vivió dos años en Suiza. Su blog es traducido como a 27 idiomas. Cuando reeligieron a Bush, un grupo de disidentes lo votó de manera simbólica en la semiembajada que Estados Unidos tiene en La Habana. Si no les prestaban atención, ya nadie quiso si quiera saber de ellos. Ahora decidieron que no hay que ponerse a votar por Obama sino crear a esta chica.
A. M.: –La contrarrevolución nunca ha logrado articular un proyecto que exprese una idea nacional, que logre una base de consenso.
–¿Cómo es Cuba respecto al cine?
R. G.: –Tenemos una gran escuela que inició con su dinero Gabriel García Márquez. Robert Redford ha hecho un puente entre su empresa y la escuela. Los grandes vienen a dar clases allí. Tuvimos gracias al socialismo europeo muy buen cine de allí y porque los amigos norteamericanos como Francis Ford Coppola se llevan copias y las traen en aviones particulares. La revolución ha despertado solidaridad entre los intelectuales.
F. M.: –Seteven Soderbergh tenía proyectada una película carísima y le dijeron que finalmente no la iba a poder hacer. Le habían exigido que el Che por lo menos le tenía que pegar un tiro en la cabeza a un condenado a muerte. Dijo que jamás lo iba a hacer. Y lo pagó.

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