Tiempo en Capital Federal

15° Max 13° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 92%
Viento: Suroeste 13km/h
  • Lunes 26 de Julio
    Despejado  14°
  • Martes 27 de Julio
    Despejado  10°
  • Miércoles 28 de Julio
    Parcialmente nuboso con lluvias  9°
Cargando ...

La Revista

Las Puertas del Cielo o del Averno

La polémica en torno a las medidas de restauración del Teatro Colón es tan profunda que no se sabe si este monumento histórico se renovó en su mejor expresión o se destruyeron la esencia de su modelo teatral y sus reliquias edilicias.

Por Sol Peralta
Compartir
puertas-del-cielo-averno-caras-caretas

En pocos días se correrá el telón de un gran misterio: se revelará el resultado de una década de obras de restauración del Teatro Colón. El resultado del mantenimiento de la acústica, del aire acondicionado que se instaló, de los procesos sobre mármoles y estucos y muchas otras dudas comenzará a aclararse, para bien de todos. Pero la polémica no se remite sólo a lo que podrá comprobarse a simple vista en la gala reinaugural del 24 de mayo. La controversia pasa por el modelo de teatro que se lleva adelante. Para el macrismo, hay una estructura demasiado grande que sostiene empleados sin tareas concretas o importantes, por eso el edificio renovado tiene menos talleres. Para los trabajadores, la reestructuración está disolviendo áreas que son imprescindibles para continuar con la producción propia. Tras largos enfrentamientos, esta cuestión se está zanjando en la Justicia.
Es indudable que el teatro necesitaba una remodelación completa tras un siglo de funcionamiento, para actualizar los dispositivos técnicos, sumar imprescindibles medidas de seguridad y conservar la enorme belleza que distingue al Colón en el mundo casi tanto como su acústica.
En 2000, la Subsecretaría de Patrimonio Cultural del gobierno de Aníbal Ibarra elaboró un Plan Maestro. Aquel proyecto sufrió los embates del corralito y no pudo prosperar. La breve gestión de Jorge Telerman decidió el cierre al público del Colón para profundizar las obras, en noviembre de 2006, pero en lo concreto pasó de largo el trabajo. En 2008, el nuevo jefe de gobierno, Mauricio Macri, creó la Unidad de Proyectos Especiales (UPE), que concentró todas las obras en marcha y le solicitó a la Legislatura un presupuesto récord. Se estima que la inversión supera los cien millones de dólares. Para realizar las reformas contrató a una empresa externa, la española Syasa.
El Colón es un monumento histórico y es uno de los tres mejores teatros líricos del mundo. Esta distinción no es caprichosa o subjetiva sino que responde a mediciones de acústica muy estrictas. En su sala, el sonido permanece en el aire durante 1,8 segundos. Si ese lapso se acorta, no se transmite en todo su caudal y, si es mayor se superpone, haciendo eco, como ocurre en las iglesias. Por otra parte, está muy por encima de otros teatros por la calidad de sus puestas en escena, obra del personal experto que se ocupa, en cada presentación, de que sean perfectos el vestuario, las esculturas, la tapicería, la herrería, la luminotecnia, la sastrería, el maquillaje y los efectos especiales, entre muchas otras disciplinas.

 

PEQUEÑOS GRANDES DETALLES
El equipo de la UPE está encabezado por el ingeniero Sebastián Maronese. Bajo su mando se han realizado sesenta subproyectos dentro del Colón, sobre 58.000 metros cuadrados, con un total de quinientos empleados. Según las publicaciones realizadas por la UPE, “se estableció un mecanismo de intervención que contempla las normas internacionales en materia de conservación de un monumento histórico, conjugándolas con todas las acciones necesarias de actualización tecnológica”. Con respecto al criterio utilizado, afirman: “La mirada que manda es la de los especialistas en acústica, ya que la premisa principal fue la preservación a ultranza de las características que presentaba el teatro a fines del siglo XX. El procedimiento fijado consistió en desvestir la sala paulatinamente, realizando mediciones acústicas. En el rearmado se trabajó en sentido inverso”.
Se incorporaron dos nuevas plataformas montacargas para el escenario, se reparó y modernizó su disco giratorio, se cambió por completo el piso de madera y en el foso de orquestas se modificaron los mecanismos para permitir su nivelación con el escenario. Además hay una nueva sala de máquinas. Para aumentar la seguridad se tomó una serie de medidas de prevención de incendios.
Sobre la producción, las autoridades de la UPE consideran que se reasignaron espacios para optimizar el recurso físico, con una racionalidad acorde con los modos de producción teatral actuales. “Esto permitió mantener las superficies destinadas a producción teatral y ganar otras para resolver necesidades de los artistas, largamente postergadas.” Disienten con esta afirmación los escenógrafos que pintan los decorados, porque desapareció precisamente la extensa superficie del taller Saulo Benavente (convertido en la nueva gran sala de ensayo), donde se pintaba a la italiana, sobre el piso.
“La gente quizá no vea cambios sustanciales, salvo que está todo más limpio, más brillante, más lindo, porque de lo ambulatorio no cambió nada. Lo que se modificó dramáticamente es la parte de producción”, resume el delegado de los trabajadores, Máximo Parpagnoli. “Desapareció casi un 60 por ciento de la superficie de los talleres. Esto direcciona al teatro hacia un modelo totalmente diferente. Para la programación habitual van a tener que traer obras de afuera o tercerizar trabajo. Otra alternativa es que quieran presentar cosas distintas, ya que Macri dijo que en el Colón se van a hacer todo tipo de espectáculos”, añadió.
El arquitecto Fabio Grementieri es una de las voces más críticas con respecto a la restauración realizada. “Se verifica una falta de coordinación y coherencia en las decisiones de conservación y restauración”, dijo tras su visita al teatro, en enero último. “Los criterios de conservación y restauración –señaló– están lejos de las recomendaciones internacionales sobre patrimonio cultural inmueble y son incongruentes entre recintos o rubros.”
Por su parte, la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos, en un boletín del 3 de abril, también hizo cuestionamientos. Entre otros puntos, recomendó la revisión de los estucos del foyer, que se reinstalen los bordeaux originales del palco oficial y proscenio e indicó que los artefactos de iluminación interfieren en forma inaceptable en la visual de la fachada.
El costo de esta enorme restauración es una de las grandes dudas. La legisladora porteña del FPV Gabriela Alegre pidió que se haga público el presupuesto. “Millones que antes se expresaban en pesos ahora se expresan en dólares. Tenemos muchas dudas”, dijo. El juez en lo Contencioso Administrativo de la ciudad, Guillermo Scheibler, le pidió al gobierno porteño que le remita toda la documentación sobre licitaciones, desde 2006 hasta la fecha.

 

EL GRAN DÍA
Pase lo que pase, el lunes 24 el Teatro Colón abrirá sus puertas después de cuatro años y, en la función de gala, estarán presentes las mayores autoridades del país. Hasta la presidenta Cristina Fernández confirmó su presencia. No será sólo un acto protocolar sino que los asistentes van a disfrutar del segundo acto de la ópera La bohème, de Puccini, y de un cuadro del ballet El lago de los cisnes, de Chaikovski.
Pero lejos de la armonía esperada para un momento como este, las aguas internas están más agitadas que nunca. El miércoles 21 de abril, el juez Scheibler anuló las resoluciones Nº 7 y Nº 1.224 y las dictadas en su consecuencia, que hayan afectado la situación del personal. La primera disolvía once sectores del teatro y la segunda trasladaba a 278 trabajadores al Instituto Superior de la Carrera. “La transferencia nunca fue legal porque no se notificó en forma individual y fehaciente. Todos seguimos prestando funciones para el teatro, de otra forma no se habría realizado la temporada 2009”, indica Parpagnoli. Ahora todos deben ser “reincorporados” legalmente.
El juez basa su resolución en que es incorrecto el órgano de implementación, porque la Ley de Autarquía indica que el director general del Ente Autárquico Teatro Colón puede proponer nuevas estructuras, pero debe aprobarlas el directorio. Cuando se emitieron las citadas resoluciones, el directorio no tenía representante por parte de los trabajadores (sigue sin ser nombrado) y salieron sólo con la firma del director general, Pedro Pablo García Caffi, y Néstor Grindetti, ministro de Hacienda de la ciudad. El gobierno porteño anunció que apelará la medida.
Se reclama que se abran paritarias para discutir la estructura del teatro y la reincorporación de todos los trabajadores. “Si ellos no se sientan a negociar, tienen que recordar que el 24 es feriado nacional y nadie está obligado a trabajar”, dice Parpagnoli, dando a entender que el cuerpo de trabajadores podría no asistir el gran día.
Sobre el Colón, los trabajadores se manifiestan, las autoridades se expresan a través de sus resoluciones y la Justicia por sus fallos. La única voz que no se escucha es la del público. No sólo la elite de derecha asiste al Colón, es cierto. Pero sin duda, el respaldo a la política antitrapito de Macri para muchos tiene más peso que la exigencia de las mejores condiciones para la restauración de este teatro único e irrepetible.

Deja tu comentario