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La Revista

La 21, como en casa

Cultura, capacitación, integración y trabajo. Los cuatro pilares de un ambicioso proyecto que cumple seis meses en el postergado sur de la ciudad de Buenos Aires.

Por Sin Firma
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Recorrido Casa del Bicentenario Villa 21 24

Aquel antiguo depósito de cereales ya no está. Hoy, un impactante edificio pintado con los múltiples colores de las distintas banderas latinoamericanas, adornado por un vitreaux de casi cinco metros de alto, obra del artista Héctor Chianetta, y con la invitación al ingreso a través de un moderno portón de frente vidriado, ocupó su lugar en la calle Iriarte al 3500. Allí, donde alguna vez supieron patear una pelota Eduardo Tuzzio y el Chipi Barijho, comienza la Villa 21 de Barracas. La más sureña de las porteñas. La más extensa y densamente poblada (64 hectáreas, con 55 mil habitantes), la más violentamente desalojada durante el último golpe cívico-militar y la más estigmatizada por los medios masivos de comunicación. Hace seis meses, la puerta de entrada a la villa cambió. Un megaproyecto encabezado por la Secretaría de Cultura de la Nación, en articulación con los ministerios de Desarrollo Social, Trabajo, Planificación y Salud, desembarcó en el barrio para inaugurarla Casa de la Cultura-Villa 21, nombre que parece quedar pequeño para la batería de programas y proyectos que desde allí se ejecutan. En sus inicios, la Casa marcó el compromiso con la promoción y ejecución artística y cultural. Hoy, es un centro de articulación de diversas políticas por y para el barrio. Nidia Zarza, su directora, que vivió en la 21 desde los siete años, enumera una tras otra las actividades de la Casa: “Contamos con talleres de teatro, cine, graffiti, dibujo y audio visual, a los que concurren más de 400 chicos. También debimos iniciarnos en talleres para los más chiquitos, haciendo las veces de guardería, ya que notamos que algunas madres no tenían con quién dejar a sus hijos para poder asistir a cursos o capacitaciones que brinda Desarrollo Social. Por último, estamos creciendo en espacios dedicados a la tercera edad. Pero, sin duda, son los jóvenes los que tomaron protagonismo en la Casa y eso es lo que me enorgullece”.El edificio cuenta, entre otras salas, con un moderno auditorio con capacidad para doscientos espectadores, en el cual se presentan obras teatrales infantiles y para adultos. La actriz y escritora Esther Goris, que además dio clases de teatro ad honorem, coordina este sector: “Es uno de los trabajos que más me han gustado en la vida. La consigna era llevar a la villa los acto-res más prestigiosos y las mejores obras, para romper con el prejuicio de que aquel que va por primera vez al teatro no puede consumir determinado tipo de programación. El tiempo nos dio la razón, ya que en cada función queda gente afuera”.Por la Casa de la Cultura han pasado actores como Arturo Bonín, Norma Aleandro y Edgardo Nieva. Todos ellos, comenta Goris, vivieron sensaciones conmovedoras y asegura que la atención en obras donde la única acción pasa por la palabra es impactante como en ninguna otra sala. “En mi vida había tenido un público como ese”, agrega. La participación de los referentes de la cultura es indispensable para darle “vidriera” y masividad al espacio, pero a la vez, es fundamental como experiencia de retroalimentación o circularidad cultural para enriquecer experiencias y visiones pre configuradas.“Todos los artistas se llevan la mejor cultura villera, tan válida como la que ellos nos traen”, agrega Nidia. Más allá de lo artístico, la Casa continuó ampliándose. En la actualidad, se comenzó con la instalación de un Centro de Producción Audiovisual (Cepa) que permitirá generar diversos contenidos culturales y educativos desde el edificio; y se avanzará en un proyecto para obtener una señal de televisión exclusiva para los vecinos de la villa, que transmita directamente desde el auditorio. Además, la Casa funciona como punto del programa Núcleo de Acceso al Conocimiento (NAC), que permite la conectividad online de muchos vecinos para interactuar mediante una videoconferencia con referentes de la cultura o el deporte nacional. “Los recursos son inagotables. Algunas de estas actividades se venían desarrollando en el barrio con el trabajo de organizaciones sociales y asociaciones civiles, y la llegada de la Secretaría de Cultura las enriqueció, sin romper esa impronta de la cotidianeidad villera, por el contrario, respetándola. Otras son absolutamente novedosas”, cuenta la directora, que remarca la importancia de mantener las puertas abiertas sin filtros, sin trabas burocráticas y siendo conscientes de que, de manera paralela, deben proyectarse objetivos auspiciosos a largo plazo pero también responder a las necesidades primarias de los vecinos, que por desidia del gobierno local aún no se ven satisfechas. Uno de los luchadores históricos de esta villa porteña es el padre Pepe. Este referente siempre prefirió el término “inclusión” y no “urbanización” de los barrios de emergencia a la ciudad y en ese camino, afirma Nidia Zarza, es que trabaja la Casa: “Antes, el único agente del Estado que entraba en la villa era la policía y con un rol siempre violento. Pero en este proyecto el vecino se apropió e involucró en su andar. Acá no hay barrera entre el barrio y el Estado. El barrio pasó a ser el Estado. Por eso, cada uno que viene se enamora del proyecto”.

 

MADE IN BARRACAS

La cultura, pensada no sólo como expresión e idealización artística sino como industria del entretenimiento y el conocimiento, es también fuerza de trabajo, producción y movimiento económico. Desde la génesis misma del proyecto de la Casa de la Cultura, se orientó a que los puestos de trabajo sean ocupados por vecinos de la villa, remediando así casos de desocupación.“El 90 por ciento de los que trabajamos acá somos de la 21.Desde los primeros albañiles que levantaron el edificio (de más de 1.500 metros cuadrados), pasando por los técnicos encargados de la iluminación y el sonido en los espectáculos, llegando a los organizadores de la programación del auditorio y terminando en el servicio de cocina cada vez que se realiza una fiesta en la Casa”, cuenta Nidia. La generación de puestos de trabajo es visible. Días atrás, el Ministerio de Salud de la Nación entregó una ambulancia para el barrio. Ambulancieros, enfermeros y asistentes, quince en total, forman parte hoy del plantel que la gestiona. Cada vez más actores se involucran aun proyecto que excede netamente lo cultural. Si antes se pensaba a la cultura como puerta de acceso a la escuela, hoy con la mayoría de los jóvenes dentro del circuito educativo, se la piensa como el camino a una latente salida laboral. De esta manera, la Casa iniciará este año talleres de técnicas de Vitro fusión y reciclado, junto con capacitaciones al trabajo cooperativista, mientras que se llevan entregados más de cuatrocientos micro créditos para pequeños proyectos comerciales vecinos. Para la directora del espacio, las consecuencias de esta articulación de políticas implementadas en el territorio por distintos organismos, estos primeros seis meses, ya tiene sus resultados concretos. Anunció que trabajarán en un informe estadístico sobre el impacto de la Casa de la Cultura en la disminución de delitos menores en el barrio. “Muchos chicos que antes se encontraban en situación de vulnerabilidad ahora tienen empleo, lo que hizo cambiar sus vidas y la de sus familias”, agregó. La Casa de la Cultura de la Villa 21 excede su propia denominación. Para muchos, fue un cambio sustancial en sus vidas y para Nidia, el fruto del trabajo de largos años en el barrio: “Muchos me preguntan hasta cuándo durará todo esto. Yo respondo que durará mientras vos te lo apropies y lo defiendas. Si en un futuro no hay decisiones políticas favorables se luchará y nos estancaremos, pero esta casa ya no se puede borrar, es un derecho adquirido, ganado y apropiado. Acá hay cambios de vida”.Claro está, en aquel viejo depósito de cereales, hoy se guardan toneladas de esperanzas.

Por Damián Fresolone

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