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La Revista

El gato con votos

Entrevista a Alfredo Pucciarelli, doctor en Filosofía con especialización en Ciencias Sociales, quien sostiene que Mauricio Macri encarna una nueva derecha en la Argentina y asegura que los sectores populares deberán salir a la calle para defender las conquistas de los últimos años.

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entrevista

Vamos a vivir un período quizás único. Será inevitable la disputa y seguramente habrá mucha agitación social. Muchos saldrán a la calle para defender derechos y conquistas ganadas durante los últimos años. Desde el otro lado se tratará de consolidar gobernabilidad. Será algo apasionante para analizar. Lo único que lamento es que suceda en la Argentina”, sostiene Alfredo Pucciarelli con la curiosidad del investigador sobrepasado por una mirada política que no encuentra lugar para el optimismo. Pucciarelli es doctor en Filosofía con especialización en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de La Plata, donde es profesor extraordinario. También es profesor consulto en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, director de investigaciones colectivas y profesor de posgrado en esas dos universidades, en la Flacso, en el Colegio de México y en la Unam. Participó activamente en la política argentina durante los 70, lo que le valió un exilio que recién pudo despedir a fines de 1984. Algunos de sus libros más recientes son La democracia que tenemos. Declinación económica, decadencia social y degradación política en la argentina actual (2002); Empresarios, tecnócratas y militares. La trama corporativa de la última dictadura (2004); Los años de Alfonsín. ¿El poder de la democracia o la democracia del poder? (2006); Los años de Menem. La construcción del orden neoliberal (2011), y Los años de la Alianza. La crisis del orden neoliberal (2015).

–¿Se puede hablar del gobierno de Mauricio Macri como una nueva derecha?

–Sí. Considero que estamos frente a una nueva derecha. Porque una cosa es la derecha como bloque de poder: esa obviamente siempre estuvo muy presente articulando sus intereses con mayor o menor éxito. Y otra cosa es un partido político de derecha que llega al gobierno por el voto mayoritario. Y seamos precisos: el PRO no hizo una alianza con la UCR, la subordinó totalmente. Ya no se trata de grupos de poder interviniendo o jugando sus intereses dentro de los partidos populares. Vemos una estructura prácticamente nueva. Lo viejo de la nueva derecha es su vocación de articular la producción de la materia prima con la demanda internacional. La búsqueda de conjugar renta agraria con bajos ingresos y un alto nivel de desocupación. Esto pretende hacer caer la actividad para recuperar divisas. En este sentido también será muy importante una política subordinada a los sectores financieros que devendrá en un fuerte endeudamiento externo. Todo eso es muy conocido. Es innegable y nuevo que llegan por el voto popular. Lo nuevo también en este caso es el acompañamiento y de alguna forma protección que desplegaron los medios de comunicación más poderosos, que demostró una eficiencia muy concreta.

–Del 83 a la fecha en la Argentina no faltaron gobiernos conservadores. Pero el de Macri es el primero que llega a la presidencia sin disimular esa condición.

–Claro. Es una enorme diferencia y le da mayor poder de fuego. Al menos en principio. Acá no se necesitó del travestismo intolerable de Menem. Ni siquiera una crisis por tensiones internas y falta de manejo político que desembocó en que el ala más conservadora ganara la pulseada, como sucedió con la Alianza. El PRO es un partido político con un pensamiento antirredistributivo. Lo dijo Techint: “En la Argentina los sueldos son más del doble que en gran parte de América latina. Hay que bajarlos”. Eso se hará con la devaluación y otros mecanismos. No es casualidad todos los CEO que convocó el macrismo. Habla de una dirección clara, de una forma de implementarla y de los intereses de qué sectores decidió postergar.

–Desde hace décadas la Argentina padece casi una obsesión por el dólar. Por primera vez gana un candidato que adelanta que hará una gran devaluación.

–Es verdad. Hay muchas explicaciones posibles a eso. Quizá la principal sea que para muchos votantes había un valor superador a cualquier devaluación u otras medidas: ser una alternativa al kirchnerismo. Eso en sí mismo resultó mucho más poderoso y atractivo. En realidad ese rechazo al kirchnerismo ya existía en una porción de la sociedad. Lo que verdaderamente constituyó una novedad es que ese sentimiento o postura se hizo también muy potente adentro del peronismo. Eso generó enormes daños. Que un votante de Massa priorice a un conservador consumado por sobre otro peronista –aunque no sea de su máximo agrado– significa que algo venía muy mal.

–¿Qué fue lo que venía muy mal?

–Un kirchnerismo excesivamente vertical. Lo que debilitó la potencia de cuadros y la llegada a la gente. El kirchnerismo encontró en Cristina una gran enunciadora. Una Messi. Con dos intervenciones por semana, mejores o peores, pero casi siempre buenas. Pero estaba ella sola. No se alentó verdaderamente el crecimiento de otras figuras. En determinado momento alcanzó. Llegó uno diferente en el que claramente no fue suficiente. Creo que se agotó la forma de tomar decisiones políticas del kirchnerismo. Y te digo más: ese error viene de cuando Néstor decidió tomar un atajo arreglando con los barones del conurbano y no lograr la misma audacia en la construcción política de la provincia que mostró en otros aspectos. En definitiva, fue depender de un voto que no era realmente propio.

–Ahora aparecen lecturas que sostienen que el oficialismo subestimó al macrismo. Pero hasta hace poco editorialistas de Clarín y La Nación retaban a Massa y a Macri porque no constituyeron una alianza y de esa manera poco menos que habían sellado el triunfo de Scioli. ¿Qué cambió?

–Hubo diversos factores que favorecieron el crecimiento de Macri. Diría que por un lado su consolidación como oferta antioficialismo. Pero lo verdaderamente inconcebible es la pérdida de votos en la provincia de Buenos Aires. Esos sufragios fueron directamente a Massa primero y después, en buena parte, a Macri. En la provincia estaba el corazón del voto histórico kirchnerista. Tampoco podemos soslayar la virulencia opositora de Córdoba. Mucho de todo eso son votos peronistas que se hicieron refractarios al kirchnerismo y tuvieron un impacto decisivo. Se fue gente del peronismo más clásico, más de derecha, más de clase media… Como se lo mire: pero era voto peronista y en algún momento kirchnerista. Evidentemente el resultado de las elecciones demuestra más las limitaciones para gestionar políticamente del kirchnerismo que méritos del PRO. Hasta hace unos meses la única preocupación era mantener la situación económica más o menos razonable. Eso se logró más allá de las dificultades: la economía mostró señales de mayor actividad y subió el dólar blue, pero no hubo corridas. Lo que anduvo muy mal fue la gestión política.

–En política 2+2 no siempre es 4. Evidentemente no todos los votos de Julián Domínguez fueron a Aníbal Fernández.

–Es un tema muy delicado. La candidatura de Aníbal Fernández resultó refractaria para una porción importante del peronismo. Muchos sintieron que era algo impuesto. Una persona que venía de otro lado. Y reaccionaron buscando otras opciones. La imagen negativa de Aníbal pesó demasiado. Y no me refiero con esto a las cualidades políticas de Fernández. Ni siquiera es necesario ponerse a discutir el origen irregular de muchas de las acusaciones de las que fue víctima. Ese déficit venía de antes. Y no importa que ganara la interna si después estaba el enorme riesgo de perder la elección. Evidentemente no logró capturar ni siquiera todo el voto kirchnerista. Ese fue un error de cálculo de la conducción.

–Pero si hablamos de alguien que venía de otro lugar esa es María Eugenia Vidal, que era vicejefa de Gobierno de la Ciudad. ¿Otra vez se priorizó el voto contra el kirchnerismo?

–Sí. Sumándole el miedo o rechazo que generaba Aníbal en particular. El peronismo más tradicional no se lo bancó. Con al menos un porcentaje de los votos de Felipe Solá, que era claro que estaba condenado a un tercer puesto, Aníbal hubiera sido el gobernador. Perder la provincia fue la señal definitiva de que el PRO también podía llegar a la presidencia. A Aníbal le alcanzó para ganar la interna, pero evidentemente las heridas fueron tan profundas que el caudal de votos total del Frente para la Victoria se desangró. Lo que Cristina había logrado con la candidatura presidencial, evitar la confrontación y encolumnar a todos detrás de Scioli, no lo supo concretar en la provincia. De otra manera, Vidal jamás hubiera ganado. No había manera.

 

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